Así de bien (o de mal) estamos preparados para la educación a distancia

El COVID-19 nos ha obligado a quedarnos en nuestras casas y a realizar muchas de las actividades cotidianas a través de Internet, como dar y recibir clases. En este caso es necesaria una infraestructura que permita la impartición de clases por medio de plataformas virtuales, como Moodle o Chamilo.

La mayoría de centros educativos disponen de recursos TIC y de la plataforma Moodle, de software libre, para publicar contenido y actividades por Internet. Aunque, por otra parte, su uso no está muy extendido por parte del profesorado de secundaria. Algunos profesores califican los medios proporcionados de «poco intuitivos, etc», con buen motivo. La versión de Moodle que algunos centros utilizan dejó de tener soporte hace 5 años, con los correspondientes problemas de seguridad y privacidad que esto conlleva. No nos podemos olvidar de que, al usar una versión de hace 7 años sin soporte para conexiones seguras, las conexiones mediante HTTPS sean imposibles debido a problemas con el contenido mixto. Ante un uso más elevado de lo «normal», que es lo que está sucediendo estos días, las plataformas se están colapsando por no poder gestionar una carga de trabajo un poco mayor de lo normal.

Debido a esto hay algunos que deciden utilizar otras plataformas no proporcionadas por la comunidad autónoma correspondiente, de código privativo, como Google Classroom. Hay que recordar que el uso de esta plataforma no está permitido en centros de enseñanza que no dispongan de G Suite para Centros Educativos, cosa que, a mi entender, no dispone ningún centro público español.

Otro ejemplo de incapacidad para la educación a distancia son el cuelgue incesante de las plataformas de comunicación a las familias, como iPasen en el caso de Andalucía. Si te está ocurriendo, no eres el único.

Imagen de portada | Marvin Meyer en Unsplash

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